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27 de noviembre de 2016
La Cuarta Revolución Industrial está aquí. ¿Cuáles serán sus leyes?
La Cuarta Revolución Industrial está ante nosotros, pero si no la regulamos adecuadamente, no se alcanzará su completo potencial económico y social. Entonces, ¿cómo crear una infraestructura jurídica para algo tan nuevo y complejo?
Preguntamos a Gillian K Hadfield, profesora de derecho y economía de la Universidad del Sur de California y autora de Rules for a Flat World: Why Humans Invented Law and How to Reinvent It for a Complex Global Economy (Reglas para un mundo plano: por qué los seres humanos inventaron la ley y cómo reinventarla para una economía mundial compleja).
¿Por qué importa la reglamentación para la Cuarta Revolución Industrial?
Porque si no la regulamos, no sucederá. Muchas veces se considera que el progreso económico sucede independientemente del ambiente de gobernabilidad. El razonamiento es: la Cuarta Revolución Industrial ocurrirá de todos modos. Y si podemos resolver cómo regularla, ocurrirá de mejor manera. La reglamentación es como la frutilla del postre. Creo que ese es un enfoque equivocado.
Pensemos en la reglamentación como una forma de infraestructura: la infraestructura jurídica, la plataforma casi invisible de reglas y prácticas que subyacen a toda nuestra actividad económica e interacciones sociales, que nos permiten cooperar y planificar. Al igual que otros tipos de infraestructura, es una condición sine qua non del progreso económico.
Alrededor de cuatro mil millones de personas en los países de bajos ingresos no tienen una buena infraestructura jurídica, y esto es parte del motivo por el cual siguen siendo países de bajos ingresos. La infraestructura jurídica en los países avanzados funcionó lo suficientemente bien para los Estados nación anteriores a las computadoras, pero no está funcionando para seguir el ritmo de un mundo hiperconectado y que cambia rápidamente.
¿Quiénes serán los protagonistas fundamentales en la construcción de la infraestructura jurídica que necesitamos para la Cuarta Revolución Industrial?
Esa es una pregunta que muchas veces se pasa por alto. Se suele pensar que la parte difícil de reglamentar la Cuarta Revolución Industrial está en acordar qué queremos que digan nuestras reglas. Pero entonces se plantea una parte más difícil: poner en práctica esas reglas cuando el espacio que deseamos que regulen es tan nuevo y complejo.
Los gobiernos no suelen tener la experiencia necesaria. Los innovadores la tienen, pero la autorregulación tiene sus límites. La historia nos enseña que los mercados funcionan mejor cuando son debidamente regulados por instituciones responsables.
¿Existen nuevas tendencias emergentes para resolver este dilema?
Durante un par de décadas aproximadamente, tuvimos lo que se llama la “nueva teoría de la gobernabilidad”, la idea de que los gobiernos no elaboran las leyes ellos mismos, sino que definen lo que quieren que las leyes logren y les piden a las entidades que se verán afectadas por ellas que las redacten.
El “derecho al olvido” es un buen ejemplo de ello. Los tribunales europeos decidieron que las personas debían tener derecho a que, en los resultados de búsqueda en línea, se ocultaran las referencias personales. ¿Pero cómo hacerlo? Google está en condiciones mucho mejores de saberlo que cualquier gobierno. De modo que, básicamente, el tribunal dijo a Google: “Este el resultado esperado, ustedes determinen cómo hacer que funcione”.
Se puede dar un paso más adelante y hacer que los gobiernos les digan a los organismos del sector privado: “Ustedes calculen cuáles son los riesgos y dígannos qué se proponen hacer al respecto”. Pero creo que en realidad tenemos que incorporar cierta competencia e innovación en este proceso.
¿Cómo se haría eso?
Propongo que terceros comiencen a trabajar en cómo proveer la infraestructura jurídica. Tomemos el ejemplo de los vehículos sin conductor, sobre el que muchas jurisdicciones están debatiendo actualmente cómo manejar. Hay muchos tipos de problemas que nunca hemos tenido que pensar antes. ¿Qué evidencia de gestión de riesgos necesitamos antes de permitir los automóviles sin conductor en nuestras carreteras? ¿Quién es responsable cuando algo sale mal?
En lugar de que los gobiernos intenten redactar las leyes por sí mismos o de pedirles a las automotrices que lo hagan, supongamos que tenemos tres, cuatro o cinco organismos privados que digan: “Aquí presentamos un conjunto de normas sobre los vehículos sin conductor que cumplen los requisitos establecidos por los gobiernos”. Tendrían que persuadir a los fabricantes de automóviles para que se registraran a fin de ser regulados por él, y persuadir a los gobiernos para que lo aprobaran. Esto crea incentivos para la innovación de los medios más efectivos y menos costosos de lograr los objetivos y asegurar que los resultados tengan en cuenta el interés público.
¿Cuáles serían los incentivos para registrarse de los fabricantes de automóviles sin conductor?
Los gobiernos pueden exigirles que se registren. Pero más que esto: ellos quieren reglas. Hay una falsa idea muy extendida de que las empresas privadas quieren que los gobiernos las dejen hacer lo que quieran. Eso no es cierto. Si usted es un fabricante de automóviles sin conductor, quiere que el público tenga confianza en esos automóviles. Desea que los inversores tengan confianza en invertir dinero en esos automóviles. Y eso no va a suceder si, por falta de reglas, se arriesga a una serie de accidentes y a la mala publicidad.
En la Cuarta Revolución Industrial tendremos muchas de estas situaciones, en las que los protagonistas de ámbitos emergentes realmente quieren definir restricciones porque esas restricciones crearán valor para ellos. La pregunta es cuál es la mejor manera de definir la infraestructura jurídica que creará más valor.
¿Cómo imagina usted la gobernabilidad de la Cuarta Revolución Industrial con miras al 2030?
Hay una enorme presión para lograr reglas armonizadas a nivel mundial, y es fácil entender por qué: si se es una empresa internacional, es frustrante tener que lidiar con cientos o más conjuntos de normas diferentes. Las empresas desean poder decir, por ejemplo, “hemos sido aprobados en Alemania”, y que Japón, EE. UU. y el Reino Unido diga entonces “con eso nos basta”.
Puedo imaginar que para el 2030 habremos llevado eso al siguiente nivel y, como sostengo en mi libro, aproveché los incentivos del mercado para crear proveedores privados de normas que regulen la Cuarta Revolución Industrial: los gobiernos pueden elegir qué reguladores aprobar, y las empresas pueden elegir a qué regulador aprobado atenerse.
Eso sería una verdadera ayuda para las economías avanzadas que buscan maximizar los beneficios y enfrentar los riesgos de la Cuarta Revolución Industrial. Pero también crea un valor real para los cuatro mil millones de personas de todo el mundo, cuya falta de infraestructura jurídica los mantiene actualmente pobres y que probablemente permanecerán excluidos de los beneficios de la Cuarta Revolución Industrial.
Las opiniones expresadas en este artículo son del autor y no del Foro Económico Mundial.
Gillian K Hadfield
Richard L. and Antoinette Schamoi Kirtland Professor of Law and Professor of Economics, University of Southern California
World Economic Forum (Foro Económico Mundial)
23 Noviembre 2016
22 de noviembre de 2016
El dominio de Estados Unidos ha terminado. Para el 2030, tendremos un puñado de potencias mundiales
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| Image: REUTERS/Carlos Barria |
Hay un rebrote de los Estados nación. Los más grandes están expandiendo su alcance global, incluso a medida que marcan sus fronteras territoriales y digitales. Como muestra sobradamente la arremetida de la política reaccionaria alrededor del mundo, no existen garantías de que estos vastos dominios territoriales y sus satélites sean más liberales o democráticos. En su lugar el incesante cambio climático, la migración, el terrorismo, la desigualdad y el rápido cambio tecnológico van a aumentar la ansiedad, la inseguridad y, como ya es dolorosamente evidente, el populismo y el autoritarismo. Si bien ya muestra grietas, el reinado de cuatro siglos de los Estados nación durará algunas décadas más.
No se suponía que fuera así. Durante la década de 1990, los estudiosos pronosticaron la decadencia y desaparición de los Estados nación. Era de esperar que la globalización precipitara su irrelevancia. Con el triunfo aparente de la democracia liberal, la expansión del capitalismo de libre mercado y la promesa de una mínima interferencia estatal, Francis Fukuyama pronosticó el fin de la historia y, por extensión, la desaparición de los Estados nación anacrónicos. Un siglo antes, se hizo una afirmación similar: Friedrich Engels predijo la “desaparición del estado” como consecuencia del socialismo.
El fin del fin de la historia
Los rumores sobre la muerte del Estado nación fueron muy exagerados. El fin de la historia no ha llegado y la democracia liberal no está en ascenso. Misha Glenny sostiene que “Fukuyama y otras personas subestimaron el orgullo occidental y la codicia del capitalismo financiero que contribuyó en 2008 a una de las crisis políticas y económicas más graves desde la Gran Depresión. Estas sacudidas, junto con una reacción violenta contra la globalización, permitieron que los modelos alternativos de gobernabilidad se reafirmaran... con China y Rusia, pero también con otros estados de Europa... y la consolidación de los Estados nación no liberales”.
Lejos de experimentar una disminución del poder duro, los Estados nación más grandes están reforzando constantemente sus capacidades militares. Los diez países que más gastaron en 2015 incluyen los EE. UU., China, Rusia, India, Japón y Alemania. Algunos de estos países, junto con grandes compradores como Israel y Arabia Saudita, sin duda se están preparando para enfrentamientos en la próxima década. No están solos. Los gastos mundiales de defensa han aumentado ininterrumpidamente desde fines de los años noventa, superando el año pasado los 1,6 billones de dólares. Estas tendencias seguirán aumentando en la próxima década.
Estos mismos Estados nación seguirán dominando la economía. Países como Estados Unidos, China, Japón, Alemania, India y, en menor medida, Rusia registraron los mayores PBI en 2015. Si se ajustan por paridad de poder adquisitivo, China supera a los EE. UU., y Rusia también se desplaza hacia arriba en la clasificación. Es probable que estos países sigan siendo los mejores en 2030, junto con Brasil (si consigue poner su casa en orden), Canadá, Francia, Italia, México, Indonesia y otros. Salvo un desmoronamiento espectacular de los mercados mundiales o un conflicto armado catastrófico (ambos ahora más factibles a raíz del triunfo de Donald Trump), continuarán trazando el rumbo de los asuntos internacionales.
Sin duda, los Estados nación no son las únicas formas de organización política y económica. Ya están cediendo soberanía a las distintas configuraciones de gobierno, poder e influencia. La Cuarta Revolución Industrial está acelerando ese cambio. Como explica Anne-Marie Slaughter, “los Estados nación son el mundo del tablero de ajedrez, de la geopolítica tradicional... [pero la] web es el mundo de las redes empresariales, cívicas y criminales que superponen y complican los juegos que juegan los estadistas”. En su opinión, las mujeres de estado deben estudiar la web para activar y desplegar el poder no gubernamental como el gobierno lo hace con el poder gubernamental.
Las grandes áreas metropolitanas compiten cada vez más con los Estados nación en peso político y económico. Tomemos el caso de la ciudad de México, que agrupa a unos 100,000 policías, una fuerza mayor que las agencias nacionales de orden público de 115 países. O consideremos el presupuesto anual de Nueva York de 82 mil millones de dólares, más grande que los presupuestos nacionales de 160 países. Paralelamente, las poblaciones de mega-ciudades como Seúl y Tokio son más grandes que las de la mayoría de los Estados nación. Muchas ciudades están ideando rápidamente asociaciones transfronterizas e integrando el transporte, las telecomunicaciones y la infraestructura relacionada con la energía. Los ciudadanos expresan nuevas formas de pertenencia —o de ciudadanía— que abarcan los ámbitos digital y físico, y desafían las nociones tradicionales de identidad nacional.
Cuatro amenazas al Estado nación
La mayoría de los Estados nación subsistirán en las próximas décadas. Sin embargo, se encontrarán bajo presión de diferentes maneras.
1. La redistribución del poder entre un puñado de Estados nación está perturbando profundamente el orden mundial. Las potencias establecidas del siglo XX como Estados Unidos y la Unión Europea están cediendo importancia e influencia a China e India, que crecen más rápido. Las viejas alianzas forjadas después de la Segunda Guerra Mundial están dando paso a nuevas coaliciones regionales en América Latina, Asia y África. Si bien estas reconfiguraciones reflejan los cambios políticos, económicos y demográficos regionales, también aumentan el riesgo de volatilidad, incluida la guerra. Como explica Parag Khana, “los grandes Estados nación continentales seguirán buscando controlar las cadenas de suministro de energía y tecnología, mientras que los estados más pequeños tendrán que unirse o sufrir las consecuencias de la irrelevancia”.
2. La desconcentración del poder lejos de los Estados nación está dando lugar a niveles paralelos de gobierno. De hecho, los propios Estados nación están muy ocupados en establecer enclaves legales y físicos para contratar las funciones básicas a entidades privadas. Ya hay repartidas por todo el mundo más de 4000 zonas económicas especiales registradas, que van desde zonas de libre comercio y de procesamiento de exportaciones hasta puertos libres y parques de innovación. Muchas de las establecidas en China, Malasia, Corea del Sur y los Emiratos Árabes Unidos se consideran relativamente exitosas, mientras que otras —especialmente las zonas que se establecieron rápidamente en África y en el sur de Asia— han tenido un mal desempeño. Estos paraestados fusionan deliberadamente intereses públicos y privados, y ponen a prueba la compra de la soberanía estatal.
3. Los Estados nación y los paraestados sufrirán presiones de redes descentralizadas de entidades y coaliciones no estatales, muchas de ellas habilitadas por las tecnologías de la información y la comunicación. Grandes empresas multinacionales ya participan directamente en la política nacional. También lo hacen las multitudes de organizaciones no gubernamentales, sindicatos, grupos religiosos y otros. Trabajar constructivamente con estas redes facultadas digitalmente, en lugar de hacerlo en su contra, será una de las pruebas clave para los Estados nación. La expansión de las nuevas tecnologías ofrece nuevas formas de imaginar la democracia deliberativa, pero también de destruirla. Este es el rostro de Janus de la sociedad cuantificada: ofrece beneficios y oportunidades extraordinarios, pero también riesgos que van desde la evisceración de puestos de trabajo de baja calificación hasta nuevas formas aterradoras de guerra, terrorismo y criminalidad.
4. Los Estados nación están viendo el traspaso del poder a las ciudades. El continuo avance de la urbanización es en parte culpable. La cantidad de grandes y medianas ciudades se ha multiplicado por diez desde la década de 1950. Hoy en día existen 29 megaciudades con 10 millones de habitantes o más. Y existen otras 163 ciudades con más de 3 millones de habitantes y un mínimo de 538 ciudades con un millón de habitantes. Las ciudades ya no solo aceptan las reglas, sino que las crean. Está surgiendo una nueva generación de alcaldes y, literalmente, cientos de coaliciones de ciudades, que aseguran eficazmente la inserción de nuestro futuro urbano en las relaciones internacionales. No sorprende que la geografía del poder también esté cambiando; las ciudades compiten cada vez más entre sí y con los Estados nación, por el agua, los alimentos y la energía, entre otros.
Saskia Sassen ha puesto de manifiesto de manera convincente cómo surgimiento de las ciudades globales es generado por la creciente importancia de la intermediación. En La Ciudad Global, explica cómo la desregulación y privatización de las economías nacionales fue clave para la globalización de las ciudades durante los años ochenta y noventa. Esto a su vez elevó de manera considerable la demanda de talento altamente especializado y contribuyó al hiper-aburguesamiento, como los residentes de Londres, Nueva York, Shanghái o Hong Kong saben perfectamente. Todos estos desarrollos han modificado radicalmente la textura de la vida urbana, planteando cuestiones de su sostenibilidad.
En la próxima década, los Estados nación enfrentarán innumerables desafíos. Tras haber sobrevivido 368 años, han demostrado ser modos de organización política, social y burocrática notablemente resistentes. Pero dada la escala y la gravedad de los desafíos mundiales, junto con la parálisis de nuestras instituciones nacionales y multilaterales, existe el riesgo de que los Estados nación se tornen anacrónicos y hostiles para la supervivencia de la humanidad en su conjunto.
La posibilidad de que los Estados nación más poderosos del mundo sean rehenes de los intereses nativistas y proteccionistas es más evidente que nunca. Por otro lado, las ciudades y las redes de la sociedad civil constituyen potentes nodos políticos y económicos de poder e influencia. El asunto es si serán mejores en canalizar la acción conjunta para abordar las amenazas futuras.
* Gracias por la contribución de Anne-Marie Slaughter, Saskia Sassen, Misha Glenny y Parag Khana.
Las opiniones expresadas en este artículo son del autor y no del Foro Económico Mundial.
Robert Muggah
Research Director, Igarapé Institute
World Economic Forum
21 Noviembre 2016
Etiquetas:
cuarta revolución industrial,
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industria 4.0,
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World Economic Forum
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