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12 de diciembre de 2016

De la economía marrón a la economía verde

Los compromisos establecidos por la Unión Europea en materia de eficiencia energética y sostenibilidad hacen que cada vez sea más necesario tomar las medidas pertinentes para poder conseguirlos. Todos los proyectos y las tecnologías que se apliquen para el desarrollo de los mismos deben seleccionarse con unos requisitos concretos que ayuden a cumplir los objetivos contemplados en el Paquete de Clima y Energía de la Comisión Europea.

Un compromiso con el planeta
Tenemos un pacto que cumplir antes de 2030: reducir el 40% de las emisiones de CO2, conseguir que la cuota de energía renovable sea del 27% y la mejora del 25% de la eficiencia energética. Esto sitúa el mercado de las nuevas tecnologías para la mejora de la eficiencia energética y la sostenibilidad, en el centro de la estrategia para cumplir con los objetivos contemplados en el Paquete de Clima y Energía de la Comisión Europea. Según la Asociación Ecologista de Defensa de la Naturaleza, la eficiencia energética es “la obtención de los mismos bienes y servicios energéticos, pero con mucha menos energía, con la misma o mayor calidad de vida, con menos contaminación, a un precio inferior al actual, alargando la vida de los recursos y con menos conflicto.” En palabras de la Comisión Mundial del Medio Ambiente y del Desarrollo, la sostenibilidad se define como “el desarrollo que satisface las necesidades de la generación presente sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras para satisfacer las propias necesidades”.


Un poco de retrospectiva
Desde la revolución industrial, el consumo de energía primaria en el mundo ha ido en aumento y, en concreto, tras la crisis del petróleo de los años 70, podríamos decir que se ha duplicado. En los últimos años, Asia ha sido una de las principales responsables de este incremento, debido a la aceleración del desarrollo económico de superpotencias emergentes como China o India. Entre los años 90 y los 2000, el incremento en España fue vertiginoso; aunque la recesión económica desaceleró el consumo. Según algunos autores (Valero, 2004), el consumo energético está estrechamente ligado al desarrollo de un país. De modo que, con mayor o menor acierto, se asocia el bienestar al incremento de la renta y del consumo energético per cápita. 

No obstante, los problemas medioambientales y sociales a nivel global piden una disminución del consumo, algo difícil de conseguir inmersos en dinámicas económicas como las actuales (Fernández Güell, 2004). Pero ¿cómo se puede reducir el impacto negativo del uso de la energía sin reducir el consumo y sin que el mercado no se vea afectado?

Un cambio de paradigma

Para Jeremy Rifkin, presidente de la Fundación de Tendencias Económicas con sede en Washington, la respuesta está en promover una economía sostenible post-carbono, un cambio de paradigma para el que es necesario el desarrollo de nuevas tecnologías de la comunicación, nuevas fuentes de energía (los biohidrocarburos y el hidrógeno, en lugar del carbón) y nuevos medios de transporte. Rifkin ve en las tecnologías como el Internet de las Cosas (Internet of Things, IoT) un aliado para empoderar las personas, familias, empresas o comunidades de diversa índole, de modo que pasen de ser meros consumidores de energía a generar electricidad verde y compartirla a través del Internet de la energía.

En realidad, Jeremy Rifkin introduce el concepto de Smart Grid, que se refiere a las redes eléctricas inteligentes. A diferencia de la red actual en la que la electricidad va en un solo sentido, en este otro caso es bidireccional. Esto es lo que permite que la red distribuya la electricidad pero, también, que los clientes puedan incluir en la red la energía que producen.


Las ventajas son muchas. La red inteligente puede detectar cualquier avería en el mínimo tiempo y reconducir la energía hacia puntos críticos que no pueden quedarse sin suministro, por ejemplo, centros de gestión de emergencias. El cliente puede gestionar el consumo en función de la información continua que recibe, lo cual puede incrementar el ahorro. A nivel de las ciudades, la instalación de herramientas como los telecontadores permite ajustar la producción de energía a las necesidades reales. La distribución es más eficaz, según los picos de demanda. Además, las redes inteligentes contribuyen a la sostenibilidad ambiental, al integrar la generación distribuida de fuentes renovables y facilitar el despliegue de una infraestructura que permita la recarga del parque automovilístico eléctrico.

Tecnologías adaptadas

Smart Grid se basa en tecnologías como el Internet of Things, el Big Data y el Smart Data. IoT nos permite tener múltiples dispositivos conectados a la red, recopilando, a través de sensores, todo tipo de datos en tiempo real. El Big Data nos facilita el análisis de los datos obtenidos. Y, finalmente, el Smart Data nos permite discernir qué datos son los más relevantes y generar respuestas eficientes, que se materializan mediante dispositivos de automatización.

Estas tecnologías, aplicadas al sector de la construcción inteligente, son de gran utilidad. Según datos de la Directiva 2012/27/UE, relativa a la eficiencia energética, los edificios representan el 40% del consumo de energía final de la Unión Europea. Esta cifra pone de manifiesto la necesidad de reducir del consumo de energía y favorecer el uso de energía procedente de fuentes renovables en el sector de la edificación, con el objetivo de reducir la dependencia energética de la Unión Europea y las emisiones de gases de efecto invernadero. Debemos ponernos las pilas (recargables), pues la Directiva exige que, a partir del 31 de diciembre de 2020, todo nuevo edificio o edificio rehabilitado sea de consumo energético casi nulo.

Aplicaciones como 'elec live', desarrollada por Trace Software, facilitan el cumplimiento de la normativa. Soluciones como la mencionada permiten el acceso y visualización del diseño de instalaciones eléctricas en tiempo real, gracias a que los dispositivos eléctricos que encontramos en las instalaciones están conectados con el Internet de las cosas. Así podemos extraer información sobre el consumo en tiempo real, elaborar estadísticas, tomar medidas correctoras, mejorar el funcionamiento de las instalaciones y reducir el gasto de energía primaria.

Tiempos de transición
A pesar de que el avance tecnológico es una realidad, hoy en día todavía encontramos barreras que impiden el acceso a estas herramientas. Por eso, debemos poner empeño en identificar qué inhibe su uso y de qué modo podemos fomentarlo, lo cual permitirá a los agentes del sector ser más competitivos y sostenibles, ser más flexibles a la hora de adaptarse a cambios en la regulación y estar preparados para la demanda de clientes concienciados con la sostenibilidad, tendencia al alza.


Las políticas deben estar enfocadas a promover la innovación en materia de eficiencia energética, así como sensibilizar la sociedad a través del conocimiento. Tanto el sector público como el sector privado deben involucrarse en la creación de servicios y soluciones que reduzcan la brecha tecnológica, que allanen el terreno hacia el coste cero en energía con las renovables y, en consecuencia, que eviten el amenazante cambio climático.

Pero no se trata, sólo, de limitar el carbono. La crisis climática debe suponer un giro, pasar de una economía marrón a una economía verde. Naomi Klein ve este contexto como una oportunidad para construir un sistema económico más estable, justo y sostenible, que favorezca el bien común y genere trabajo digno, basado en políticas a largo plazo. Países como Alemania han tomado conciencia de ello, viéndose inmersos en un movimiento de transición energética en el que ciudadanos, agricultores y pequeñas empresas han tomado las riendas de esta segunda revolución verde, con el impulso del gobierno. Sin embargo, España ha pasado de liderar el sector de la energía solar a castigarlo y a dejar los deberes contra el cambio climático para el año que viene.

Alba Irigoyen Gómez, Trace Software International
Interempresas
25 Noviembre 2016

22 de junio de 2012

Es hora de que las empresas tomen la delantera sobre el Medio Ambiente

No te quejes, haz algo!


AFP
Ha llegado el momento de que las empresas tomen el relevo de los dirigentes políticos cuando se trata del medio ambiente.
Los intentos intergubernamentales de protección del medio ambiente han fallado. Es hora de que los ambientalistas reconozcan ese hecho y miren a la industria. La "Economía Verde" se ha convertido en el nuevo lema de la Cumbre de Río. Pero, pueden realmente Starbucks, Shell y Nestlé salvar el planeta?

Era predecible. La Cumbre medio ambiental de Río +20 parecía un fracaso incluso antes de que realmente comenzara. En la noche del martes, las delegaciones de los estados miembros de las Naciones Unidas acordaron durante las negociaciones preparatorias de Río +20adoptar una declaración final que no vale ni el papel en que se imprime.

Más de 100 jefes de Estado y de Gobierno se reunieron en la montaña Pan de Azúcar para aburrirnos con sus secas declaraciones de intención y esteriles debates. Ellos hablaron y hablaron, y al final nos defraudaran sin ningúna salida. Y eso no es necesariamente una cosa mala.

Los intentos gubernamentales de medio ambiente y la protección del clima han fracasado espectacularmente. Sería irresponsable de continuar dependiendo de los líderes políticos. El reconocimiento de ese hecho debe ser visto como una oportunidad para seguir un camino diferente. Veinte años después de la Cumbre de la Tierra por primera vez en Río de Janeiro en 1992, casi ninguno de los problemas abordados entonces han sido resueltos. Ahora, sólo un pacto con el diablo los podria ayudar. La "economía verde" estará en el centro de los debates celebrados en Río de Janeiro, el nuevo eslogan de la conciencia medioambiental en todas partes. La economía, segun la nueva teoría, debería entrar donde la política ha fracasado.

"El sector privado tiene la capacidad de cambiar las cosas desde abajo. Tienen no solo los medios, sino también el interés en hacerlo", dice Carlos Manuel Rodríguez, de la organización ambientalista Conservación Internacional. Aquellos preocupados por el futuro del mundo, en otras palabras, haría bien en acudir a Nestlé, Shell o Starbucks.

Asignar un valor a los arrecifes de coral
Un pacto con los negocios requiere sacrificios, y los ambientalistas deben deshacerse de una parte de su lastre ideológico. Los empresarios, por el contrario, deben entender que los crecientes precios de las acciones no pueden perseguirse a expensas de la naturaleza y la sociedad. Para que eso suceda, los ambientalistas y los empresarios deben ponerse de acuerdo sobre un lenguaje común.

Este intento se hará. Se trata de cuantificar los "servicios de los ecosistemas", explica Pavan Sukhdev, un visionario de la Eco-economía. ¿Cuánto realmente se daña el medio ambiente y la calidad de vida, cuando un teléfono celular o una camiseta se vende? Pioneros como Sukhdev creen que es cuantificable. Sus modelos de cálculo ya están siendo utilizados.

Apenas el mes pasado, 10 países africanos firmaron la Declaración de Gaborone, ellos se compromenten a que, en el futuro, el valor económico de sus bosques, los arrecifes de coral o sabanas seran integrados "en la contabilidad nacional y la planificación empresarial y los procesos de información, políticas y programas."

El Puma se abalanza
¿Cómo esto funciona en la práctica fue demostrado el año pasado por el fabricante alemán de ropa deportiva Puma, una de las primeras compañías en incorporar este tipo de modelo contable. Puma presentó un "Estado de Ganancias y Perdidas Ambiental", que coloca el valor de la empresa y el impacto de sus proveedores sobre el medio ambiente - tales como el uso de la tierra, la contaminación del aire y el consumo de agua - en € 145 millones para el año 2010.

Tener un número hace que sea más fácil para que la empresa hacer los cambios necesarios. "Sólo ahora, sabemos realmente donde estamos teniendo un impacto", dice el presidente ejecutivo Jochen Zeitz. Ahora, el puede reducir la huella medioambiental de su empresa mediante el uso de materiales alternativos o cambiando proveedores. Los ecologistas deben apoyar este trabajo pionero. Las asociaciones con los negocios son inevitables.

En el fondo, después de todo, la conferencia en Río de Janeiro se trata de la definición de la prosperidad. Durante décadas, la prosperidad se ha medido sobre la base de datos macroeconómicos, como el producto interno bruto de un país, por ejemplo. Parte de estos cálculos es la suposición de que los recursos son ilimitados. La inclusión del capital social , intelectual y más que nada, medio ambiental de un país faltaba desde hace mucho tiempo.

El Movimiento Ocupa, muestra que los consumidores están insatisfechos con la forma en que el mundo hace negocios. Con el fin de convertir este malestar en energía positiva, la psicología de la desesperanza deberia reemplazarse con la psicología de la viabilidad. Como tal, el hecho de que la canciller Angela Merkel no viajara a Río de Janeiro es aún más decepcionante. A pesar del farfulleo de ida y vuelta, Alemania es un buen ejemplo a nivel internacional. Merkel podría enviar una señal.

Un acto de equilibrio
Los gerentes de las empresas con un poco de previsión siempre han sabido que sin un medio ambiente intacto, ellos pueden cerrar sus puertas en 20 años. "Ellos serán los que tratarán de empujar a la sociedad civil y los reguladores para que realmente encuentren soluciones sensatas y regulaciones inteligentes", dice Gerard Bos de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN). La industria tiene que ser capaz de planificar el futuro, y es un momento oportuno para asegurar el acceso permanente a los recursos en el largo plazo. A diferencia de los políticos, quienes generalmente estan centrados en su próxima campaña de reelección, a menudo son las empresas privadas las que se miran mas alla en el futuro, una necesidad de salvar el medio ambiente y el clima.

Ciertamente, sigue siendo un acto de equilibrio. El Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF) ha sido recientemente criticado por proximidad a la industria. Y podría ser que el WWF ha excedido su cooperación con el mundo de los negocios. Pero hay muchos ejemplos de colaboración fructífera.

La UICN, por ejemplo, está en conversaciones con la empresa Holcim, uno de los mayores fabricantes de cemento en el mundo. Holcim está tratando de aumentar la compatibilidad ambiental de sus minas. La empresa esta haciéndolo para su propio beneficio. Si esta puede demostrar que está funcionando de una manera sostenible, que hará que sea más fácil conseguir los permisos necesarios. Pero también significa que los ecologistas, por menos, pongan un pie en la puerta.

"No te quejes! ¡Haz algo! "
La UICN también está trabajando con la compañía Nestlé Nespresso para encontrar maneras de hacer su embalaje más reciclable. Nestlé vende café en mini porciones, que se envasan en aluminio, un material que necesita una gran cantidad de energía para producirse. Tal colaboración es suficiente para que poner furiosos alos ambientalistas tradicionales, ellos inmediatamente gritan "simulación ambiental". Pero, ¿realmente tenemos tiempo para cuestionar los motivos de una empresa?

Tan pronto como hay éxitos, los fines justifican los medios. "No te quejes! Haz algo!" a uno le gustaría gritar a los ambientalistas en los países industrializados, en particular. Su persistencia en el período previo a la Cumbre de Río era insoportable y no va a salvar ningún bosque de ser cortado o cualquier especie del peligro de extinción.

Los ecologistas deben entender que 7,000 millones de personas no pueden sobrevivir con el turismo de ballenas y tomates orgánicos solamente. La sostenibilidad no debe permanecer como un concepto de lujo, ni debe ser visto como el dominio de los amantes de los árboles y los ecologistas de las ciudades grandes. La Cumbre de Río +20 debe "desambientalizar" el enfoque mundial de la sostenibilidad para que pueda ir más allá de los conversos, dice André Corrêa do Lago, jefe de la delegación brasileña a la Conferencia Río +20.

El concepto de una "economía verde" no es una panacea. Pero es un enfoque que parece realista, y solo eso es valioso.

Patagonia,  la empresa norteamericana de ropa al aire libre, compró un anuncio a toda página en el New York Times en noviembre pasado. "No compre esta chaqueta", decía el anuncio, por encima de una foto de una chaqueta de Patagonia. En la letra pequeña, la compañía explicó el impacto medioambiental de la fabricación de la chaqueta y alentó a la gente a comprar de segunda mano o al menos no botar las chaquetas usadas a la basura, sino devolverlas a la empresa para su reciclaje.

Se podría, por supuesto, ver el anuncio como un pérfido truco de marketing diseñado específicamente para los consumidores con conciencia ambiental, a los que la empresa apunta. O también se podría decir: Gracias por la explicación, y por el intento de hacer el mundo más sostenible.


Philip Bethge - Spiegel Online
21 Junio 2012