Un nuevo reporte presentan una mejor forma de medir la riqueza
A pesar de las evidentes ventajas de la riqueza, las naciones hacen un mal trabajo llevando la cuenta de lo suyo. Ellos pueden jactarse de sus abundantes recursos naturales, su mano de obra calificada y su infraestructura de clase mundial. Pero no hay una medida monetaria, ampliamente reconocida que valore este inventario de activos naturales, humanos y físicos.
Los economistas suelen preferir el uso del PBI. Pero esa es una medida del ingreso, no de la riqueza. Esta valora un flujo de bienes y servicios, no un inventario de activos. Medir la economía por su PBI es como juzgar a una empresa por sus ganancias trimestrales, sin ni siquiera echar una mirada a su balance. Felizmente, las Naciones Unidas este mes publicaron los balances para 20 naciones en un informe supervisado por Sir Partha Dasgupta de la Universidad de Cambridge. Ellos incluyeron tres tipos de activos: "fabricado", o físico, capital (maquinaria, edificios, infraestructura, etc), el capital humano (educación y las habilidades de la población ), y el capital natural (incluida la tierra, los bosques, los combustibles fósiles y minerales).
En este indicador, la riqueza de Estados Unidos asciende a casi $ 118 trillones en 2008, más de diez veces su PBI de ese año. (Estas cantidades se han calculado a los precios prevalecientes en el 2000.) Su riqueza por persona era, sin embargo, menor que la de Japón, que encabeza la liga en esta medida. A juzgar por el PBI, la economía de Japón es ahora más pequeña que la de China. Pero, según la ONU, Japón fue casi 2.8 veces más rico que China en el 2008 (véanse los gráficos).
Los funcionarios suelen decir que el mayor activo de su país es su gente. Para todos los países en el informe, salvo Nigeria, Rusia y Arabia Saudita, esto resulta ser cierto. La ONU calcula el capital humano de una población en base a sus años de escolaridad promedio, el salario que sus trabajadores pueden obtenr y el número de años que se espera que ellos trabajen antes de jubilarse (o morir). El capital humano representa el 88% de la riqueza de Gran Bretaña y el 75% de los Estados Unidos. El japonés promedio tiene más capital humano que cualquier otro.
Japón es también uno de los únicos tres países en el informe que no agotaron su capital natural entre 1990 y 2008. Todos los países, excepto Rusia, sin embargo, aumentaron su riqueza, acumulando lo suficiente de otros activos para compensar la erosión de su patrimonio natural. En 14 de los 20 países estudiados, estos incrementos en la riqueza compensaron el crecimiento de su población, dejando una mayor riqueza por persona en el 2008 que en 1990. Alemania, por ejemplo, aumento su capital humano en más del 50%. China amplió su capital "manufacturado" por un extraordinario 540%.
Al poner un valor en dólares en todo, desde la bauxita hasta la capacidad intelectual, el ejercicio de la ONU hace todos los tres tipos de capital comparables y conmensurables. Esto también implica que son sustituibles. Un país puede perder $ 100 billones de dólares en pastizales, ganar $ 100 billones de dólares en habilidades y no estar peor que antes. El marco convierte la política económica en un "problema de gestión de activos", dice Sir Partha.
Un país como Arabia Saudita, por ejemplo, redujo sus reservas de combustibles fósiles por $ 37 billones entre 1990 y 2008, al tiempo que añadio a su inventario los egresados de escuelas y graduados universitarios (su capital humano creció en casi $ 1 trillón). En algunos países más ricos, sin embargo, las inversiones en capital humano parecen haber encontrado retornos decrecientes, según el informe. Tal vez los gobiernos deben mejor reorientar sus inversiones en capital natural, repoblando sus bosques en lugar de sus bibliotecas.
La idea de que los bienes naturales son sustituibles pone nerviosos a algunos ecologistas (incluyendo algunos participantes en el informe). Muchos de los servicios que el medio ambiente proporciona, como el agua y aire limpios, son necesidades insustituibles, señalan. En teoría, sin embargo, el indudable valor de estos tesoros naturales debe reflejarse en su precio, que debería elevarse progresivamente a medida que se vuelven más escasos. Un buen gestor de activos debería entonces costearlos cuidadosamente, sabiendo que tomara una cantidad cada vez mayor de capital humano o físico para compensar las pérdidas adicionales del bien natural.
En la práctica, sin embargo, los precios de los activos naturales son a menudo difíciles de fijar o no se puede en absoluto. Como consecuencia de ello, el informe de la ONU tiene que dejar fuera los activos como el aire limpio que no pueden ser directamente poseidos, comprados o vendidos. Esto lo limita a los recursos como el gas, el níquel y la madera, para lo cual existen precios de mercado. Pero incluso estos precios de mercado no puede reflejar el valor social verdadero de una mercancia. La apicultura es un ejemplo adorado por los teóricos de la economía. Las abejas crean la miel, que se puede vender en el mercado. Sin embargo, también polinizan los manzanos cercanos, un servicio útil que no es comprado o cotizado.
Contadores de abejas
Nadie es más consciente de estas limitaciones que los autores del informe. Sus estimaciones son ilustrativas, no definitivas, dice Sir Partha. Los cálculos son inevitablemente crudos, al igual que fueron crudos los primeros estimados del PIB hace más de 70 años. Se espera que más economistas hará el trabajo duro, pero valioso de la fijación del precio de lo aparentemente sin precio. La profesión en realidad no aprecia este trabajo, dice Sir Partha. Sin embargo, algunos economistas lo hacen de todos modos. Taylor Ricketts de la Universidad de Vermont y sus co-autores han incluso calculado el valor de la polinización, que muestra que un cultivador costarricense del cafe se beneficio en $ 62.000 al año a partir del trabajo de las abejas salvajes en dos bosques cercanos.
Ahora que los economistas han demostrado que esa riqueza se puede medir, ellos deben decidir como debe llamarse. En su anterior trabajo académico, Sir Partha lo llama "la riqueza global". El informe de la ONU cataloga como "la riqueza inclusiva". Si la idea prende, ningun nombre puede ser necesario. "Muy pronto", dice Sir Partha, "dejaremos de usar los dos adjetivos para sólo llamarlo la riqueza '".
The Economist
30 Junio 2012
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29 de junio de 2012
20 de junio de 2012
¡Adiós al Producto Interno Bruto! ¡Bienvenido el Indice Integral de Riqueza!
Durante los últimos 60 años el mundo midió su riqueza con una fórmula equivocada. Naciones Unidas presentó un índice que incluye el capital productivo, pero también el natural y humano. Colombia es uno de los seis países a los que no les va muy bien.
Puede ser que al final de esta semana, como ha sucedido en los últimos años, una conferencia adonde asisten representantes de 192 países vuelva a fracasar. No parece gratuito el relato bíblico de Babel: cuando se reúnen personas de distintas culturas e idiomas para construir una gran torre, como lo es un acuerdo internacional para detener el calentamiento global o en este caso —en Río+20—, trazar una ruta para el desarrollo sostenible, lo más probable es que todo termine en un gran desastre.
Pero recorrer los pasillos del Riocentro y escuchar a economistas hablando de reinventar la economía, a mineros como el sudafricano Nick Holland de extraer minerales sólo si la operación es segura para el medio ambiente y la salud de una población, y al director del Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente, Achim Steiner, diciendo que los mercados deben ser gobernados por la sociedad, hace pensar que el idioma más allá de sus diferencias fonéticas comienza a ser el mismo: el crecimiento económico no puede ser ajeno al cuidado del medio ambiente.
Ayer el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente presentó el tan prometido Inclusive Wealth Index (‘Índice de Riqueza Integral’), una nueva medida con la que se busca dejar atrás al estrecho y torpe Producto Interno Bruto (PIB), que desde la Segunda Guerra Mundial ha sido la obsesión de gobiernos y banqueros para medir la riqueza de un país.
El primero en reconocer que el PIB era una medida incompleta de la riqueza fue uno de sus creadores. Richard Stone —quien concibió este indicador junto a James Meade y con el apoyo de J. M. Keynes— aseguró en 1984 que su labor se había centrado mayormente en la contabilidad económica y que no había podido dedicar mucho tiempo a su equivalente ambiental.
En este primer reporte del Inclusive Wealth Index, que se renovará cada dos años, se evaluaron 20 países en un período de 19 años, desde 1990 a 2008. Colombia fue uno de los elegidos para la medición, que poco a poco se ampliará a otras naciones. Estos representan el 58% de la población mundial y el 72% del PIB del planeta.
De las 20 naciones, sólo Rusia presentó un resultado negativo. Pero lo que parece una buena noticia, según Pablo Muñoz, coordinador académico de la iniciativa, cambia cuando se recalcula la riqueza por persona. En ese caso, otros cinco países, entre ellos Colombia y Venezuela, aparecen entre los de crecimiento negativo.
Colombia es un buen ejemplo de la cara oculta de la riqueza medida a través del Producto Interno Bruto. Mientras este indicador creció 35% entre 1990 y 2008, el capital natural disminuyo 31%. Si bien el capital humano aumentó 29%, el índice señala que el país no tiene un modelo de desarrollo “sostenible”.
Pablo Muñoz utiliza un sencillo ejemplo para explicar este índice. “Es como tener una cuenta en el banco que le da intereses. Si al final del mes ve que su cuenta ha bajado, significa que ha consumido demasiado. Si quiere transferir el mismo capital a sus hijos, tiene que entrar en un juego de decisiones, como consumir menos o invertir más”.
El informe también señala, en el caso colombiano, que la pérdida de capital natural ha sido exacerbada por el rápido crecimiento de la población, lo cual se traduce en una tasa de retorno económico por persona mucho más lenta. Considerando que la población está creciendo más rápido que los recursos naturales, parece un asunto urgente que Colombia considere mejor su tasa de crecimiento poblacional y reinvierta en su capital natural, para que de ese modo logre aumentar su índice y retornar a un camino de desarrollo sustentable.
Desde ese punto de vista se supone que Colombia no está pensando en dejar a las próximas generaciones un capital natural igual o superior al que recibió de anteriores generaciones.
No es el único en esta situación. Prácticamente todos los países evaluados, salvo Japón, asentaron su crecimiento de capital humano y capital productivo sobre el consumo de recursos naturales. La diferencia con Colombia es que los demás gastaron parte de su capital natural, pero con un impacto mayor en las otras dos canastas. Japón es un caso excepcional que se está analizando, pues ha logrado aumentar su capital natural invirtiendo recursos en la reforestación de sus bosques sin perder poder económico.
Camilla Toulmin, del International Institute for Environment and Development, cree que poner finalmente un precio a la naturaleza nos llevará a tomar mejores decisiones económicas. En el mismo sentido se pronunció Achim Steiner, del Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente: “La economía verde es el gobierno de la sociedad sobre los mercados con principios de sostenibilidad”.
Pavan Sukhdev, autor del libro Corporaciones 2020, en el que traza los principios que deben guiar la transformación de las empresas en un mundo con recursos limitados, le explicó a El Espectador que el turno ahora es para los equipos de contabilidad de las industrias, que deben aprender a medir las externalidades negativas y positivas de sus compañías. Esto es, saber cuánto contaminan, cuántos recursos renovables y no renovables consumen, cuánto capital humano producen, y reinventar su forma de llevar la contabilidad. La mejor empresa no es la que más produce. Esa es una obsoleta fórmula de medir el éxito en tiempos de escasez y sobrepoblación.
Pablo Correa, Río de Janeiro /
pcorrea@elespectador.com |
elespectador.com
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